lunes, 23 de marzo de 2026
SQUADRON SUPREME
lunes, 9 de marzo de 2026
O ALGO... / ¿DIBUJO, PARA QUÉ?
El País, 8 de marzo de 2026.
¿Qué función cumple aquí el dibujo? ¿Endulzar los datos y el mensaje? ¿Hacerlo más blando, más estético, más cuqui? Otra cosa no aporta. Y es sólo un ejemplo...
domingo, 28 de septiembre de 2025
EL OTRO MUNDO
lunes, 4 de agosto de 2025
SCORCHY SMITH AND THE ART OF NOEL SICKLES
En 1927, dos jóvenes dibujantes, Milton Canniff y Noel Sickles, coincidieron en las oficinas del Columbus Dispatch, periódico de la capital de Ohio, donde el primero ejercía de "artista para todo", y el segundo acudía buscando entrar en el negocio. Se iniciaría así una amistad de por vida, con múltiples años de labor y experiencias compartidas. En 1933, ambos debutaron en el terreno de las series de prensa. Canniff inició las andanzas del pequeño Dickie Dare junto a una sucesión de personajes históricos. Sickles heredó de su fatalmente enfermo creador, John Terry, la serie del aviador y aventurero Scorchy Smith. Inicialmente, Sickles imitó el estilo tosco y esquemático de su predecesor -aunque inmediatamente mejorándolo-, lo cual le sirvió para aprender los rudimentos de un lenguaje, el de la historieta, al cual nunca antes había prestado atención.
Pero pronto se propuso llevar su trabajo a más altas cumbres: a partir de su experiencia realizando posters cinematográficos para la RKO, y de su aprecio por los ilustradores satíricos de la revista alemana Simplicisimuss y por los impresionistas, modelaría conscientemente un estilo basado en la fuerza compositiva y el uso contrastado del blanco y el negro. Un estilo que buscaba una mayor eficacia con un menor esfuerzo, y que iría imponiendo en la serie progresivamente. Para marzo del 34, el rallado característico de Terry se combinaba con masas de negro que conferían tridimensionalidad a las formas.
Dos meses después, el rayado desaparecía y las zonas negras se expandían, llegando a acaparar figuras completas y creando mediante el contraste con el blanco una forma de iluminar cargada de reminiscencias cinematográficas.
Para 1935, y con la introducción de semitonos por trama mecánica, las imágenes de Sickles habían adquirido una cualidad casi fotográfica, que daba cuenta de su exhaustivo empleo de la documentación, pero también de su dominio del naturalismo en figuras y escenarios.
En su último año en la serie, 1936, Sickles llegó a realizar tiras de una belleza inusitada, con una iluminación exquisita, un manejo sensual de la mancha, un control prodigioso de la línea y una eficaz variación de planos y encuadres.
Desafortunadamente, la excelencia no se extendía al terreno del relato. Sickles se limitaba a improvisar sobre la marcha las aventuras de su cow-boy con avión en lugar de caballo, en tramas previsibles y carentes de emoción. Sin llegar a sentirse nunca totalmente cómodo en su labor, finalmente, acabó abandonando la serie y el medio, dedicando el resto de su vida a la ilustración con gran éxito.
Suerte muy distinta corrió su amigo y colega Canniff, que con el estreno en octubre de 1935 de su nueva serie Terry y los Piratas lograría alcanzar el Olimpo de la historieta, aplicando las enseñanzas obtenidas en su tiempo compartido con Sickles. Si en su arranque Canniff plantea una estética casi de línea clara
(con un Terry muy tintiniano, con su mechón en la frente y sus pantalones bombachos), pronto comienza a jugar con las tramas, los rallados y algún bloque de negro para equilibrar las composiciones.
Para finales del 35 su capacidad para la iluminación ya es comparable a la de Sickles. Su dibujo, sin embargo, evolucionaría por caminos de progresiva estilización, frente al realismo de Sickles, configurando un estilo tremendamente reconocible que se convertiría en un estándar a imitar en la industria internacional.
Todas las aventuras de Scorchy Smith creadas por Noel Sickles fueron recogidas, junto a una biografía del autor escrita Por Bruce Cannell y una extensa (y anonadante) selección de ilustraciones y dibujos, en un monumental (y poco práctico) tomazo, SCORCHY SMITH AND THE ART OF NOEL SICKLES, publicado en julio de 2008 por IDW, que reposa en una de mis sufridas estanterías.
viernes, 23 de mayo de 2025
EL ETERNAUTA: SEGUNDA PARTE
Me gustaría romper una lanza en favor de EL ETERNAUTA: SEGUNDA PARTE, la continuación de las aventuras del héroe de Oesterheld y Solano, realizada en 1976, a raíz del éxito logrado por la reedición de la obra original el año anterior, y que ha sido habitualmente relegada y menospreciada. El primer Eternauta es usualmente considerado el auténtico y más valioso, elogiado por su humanismo y su concepción del "héroe colectivo" (una noción subrayada por el propio Oesterheld muy a posteriori), en oposición a una segunda entrega descalificada como "fallida y "radicalizada", valoraciones, en ambos casos, que merecerían una revisión. En buena medida, creo, el rechazo hacia la secuela viene motivado por las circunstancias que rodearon a su realización: Oesterheld ya era entonces miembro del grupo guerrillero montoneros y tuvo que pasar a la clandestinidad ante la amenaza represiva de la dictadura recién instaurada. O, quizás, porque el guion se abandona mucho más a lo fantástico. En mi opinión, la obra, como historieta de aventuras (que, conviene no olvidar, es de lo que se trata en primera instancia), es igual de trepidante y emocionante que su predecesora y presenta a un Solano López en pleno desarrollo de su característico estilo. Y, por otro lado, ofrece un subtexto muy impactante: cuando Juan Salvo reacciona a las muertes de su esposa e hija con la estoica aceptación de su sacrificio en aras de un bien mayor, ¿ no podemos imaginar a un Oesterheld intentando asimilar de algún modo el dolor por el destino de sus propias hijas (y co-militantes), por entonces ya desaparecidas?.
viernes, 11 de abril de 2025
THE SMITHSONIAN COLLECTION OF NEWSPAPER COMICS
En 1977, la Smithsonian Institution co-editó, junto a Abrams, un monumental libro titulado THE SMITHSONIAN COLLECTION OF NEWSPAPER COMICS, una selección de tiras diarias y planchas dominicales de la prensa estadounidense, desde los orígenes del medio hasta la fecha de publicación del tomo. A pesar del título (y como se explica aquí: Bill Blackbeard: Paper Savior, Part 2 - <i>The Smithsonian Collection of Newspaper Comics</i> - comiXology), la Sithsonian no contaba con una colección dedicada a las historietas de prensa, sino que el libro se nutría de la colección de la San Francisco Academy of Comic Art, fundada en 1968 por Bill Blackbeard, un pionero de la reivindicación cultural del medio, que firma la obra junto a Martin Williams. En sus páginas de 35,5 x 25 cms., el tomo rescata muestras de hasta ochenta y tres series diferentes, en algunos casos ofreciendo sólo un ejemplo, en otros, unos pocos, y en varios, selecciones más extensas, como son los de la sardónica The Bungle Family de Harry Tuthill, la picaresca Moon Mullins de Frank Willard, un trepidante episodio de aventuras balleneras del Wash Tubbs de Roy Crane, el peculiar enfrentamiento entre Popeye y la Bruja del Mar en el Thimble Theatre de Segar, o la aventura en pos de un tesoro oculto del delicioso Mickey Mouse de Floyd Gottfredson. De alguna manera, un ejemplar de esta magna obra llegó hasta una de las librerías participantes en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Valencia hará cerca de veinte años, donde tuve la oportunidad de adquirirlo. Desde entonces, reposa en mis sufridas estanterías, de donde lo he rescatado para compartirlo con ustedes.
miércoles, 12 de marzo de 2025
AMAZING ADVENTURES/AMAZING ADULT FANTASY
Con fecha de junio de 1961 y bajo el sello de Atlas Magazines, apareció el primer número de AMAZING ADVENTURES, uno más de los varios títulos que el editor Martin Goodman dedicó a publicar historietas fantásticas y extrañas, en las que la humanidad se veía repetidamente amenazada por monstruos gigantescos surgidos de las entrañas de la tierra o venidos del espacio exterior. En esta cabecera, que mutaría en su número siete en AMAZING ADULT FANTASY y en el quince y último perdería lo de Adult, al tiempo que presentaba al mundo a Spider-Man (pero esa es otra historia, para otra ocasión), Stan Lee y Jack Kirby colaboraban, solo unos meses antes del lanzamiento de Los Cuatro Fantásticos, en historietas como la titulada sencillamente TORR, un típico relato con monstruo alienígena, cuya llegada a nuestro indefenso planeta nos es presentada así.
La primera viñeta nos muestra a los dos científicos protagonistas manejando sus instrumentos de detección enfocados al cosmos; en la segunda vemos un radar con la señal de un objeto que se aproxima; la tercera viñeta, es una vista del objeto que se dirige a la tierra, desde fuera de ésta, se diría que desde algún punto de la estratosfera, subrayada por un bocadillo con la constatación de uno de los científicos: "It's a spaceship!". En la misma imagen, vemos la llegada de la nave espacial y "oímos" el grito estupefacto del astrónomo. Genial en su sencillez, si lo pensamos, es un montaje muy loco: de la tierra al espacio y vuelta a la tierra (y eso sin mencionar la peculiar representación de nuestro cosmos cercano, repleto de planetoides); y una solución narrativa que, posiblemente, únicamente tiene sentido en el medio historieta. Pero que, sin embargo, para un lector habitual de tebeos resulta de lo más normal. De hecho, a mí me pasó desapercibida en el momento, y seguí leyendo como si nada. Resulta, que el extraterrestre, el Torr del título. intercambia su cuerpo con uno de los científicos, como se explica aquí.
Al pasar la página (su copia digitalizada, en mi caso), un texto de apoyo nos anuncia que Torr y el protagonista abandonan la cueva a la que el monstruo había llevado a los dos hombres. Pero lo que nos muestra la viñeta es esto.
De nuevo una vista desde una órbita cercana a la tierra, con su abundancia de cuerpos celestes. Pero aquí no hay nave u objeto alguno que justifique la elección del "plano". Tan sólo, la verborrea amenazante de Torr, ocupando casi todo el espacio de la viñeta. Esta vez, la extrañeza se apoderó de mi. Pero seguí leyendo. Y resulta, que, a pesar de sus bravatas, el protagonista le pega un tiro a su falso compañero (en realidad, Torr), delante de todo el mundo, y es acusado por ello de asesinato. Por fortuna para él (aunque no para la verosimilitud del relato), justo cuando está siendo juzgado por el crimen, el supuesto asesinado revive, a pesar de los balazos, y se presenta para exonerar a su amigo.
¿Y qué imagen elige Kirby para ilustrar el momento en que el resucitado explica a los presentes que su colega no le mató a él, sino a un ser de otro planeta que lo había poseído?: otra vez, una "toma" desde el espacio -en esta ocasión con la tierra de cuerpo entero-, sin la menor justificación, absolutamente por la cara. Todo apunta, claro, a que se trata de un recurso para ahorrar esfuerzo, para quitarse de en medio una viñeta con rapidez. Un recurso que se repetirá en algún otro número de esta serie. Pero no (que yo conozca) a partir de la "era Marvel", durante la cual "el Rey" siempre dio la impresión de entregarse al máximo. Un recurso justificado por las circunstancias laborales: Kirby tiene créditos en seis títulos en junio de 1961. Y también, esta mezcla de chapuza y genialidad, es parte intrínseca y definitoria del medio, y de la cultura de masas
















































