En 1927, dos jóvenes dibujantes, Milton Canniff y Noel Sickles, coincidieron en las oficinas del Columbus Dispatch, periódico de la capital de Ohio, donde el primero ejercía de "artista para todo", y el segundo acudía buscando entrar en el negocio. Se iniciaría así una amistad de por vida, con múltiples años de labor y experiencias compartidas. En 1933, ambos debutaron en el terreno de las series de prensa. Canniff inició las andanzas del pequeño Dickie Dare junto a una sucesión de personajes históricos. Sickles heredó de su fatalmente enfermo creador, John Terry, la serie del aviador y aventurero Scorchy Smith. Inicialmente, Sickles imitó el estilo tosco y esquemático de su predecesor -aunque inmediatamente mejorándolo-, lo cual le sirvió para aprender los rudimentos de un lenguaje, el de la historieta, al cual nunca antes había prestado atención.
Pero pronto se propuso llevar su trabajo a más altas cumbres: a partir de su experiencia realizando posters cinematográficos para la RKO, y de su aprecio por los ilustradores satíricos de la revista alemana Simplicisimuss y por los impresionistas, modelaría conscientemente un estilo basado en la fuerza compositiva y el uso contrastado del blanco y el negro. Un estilo que buscaba una mayor eficacia con un menor esfuerzo, y que iría imponiendo en la serie progresivamente. Para marzo del 34, el rallado característico de Terry se combinaba con masas de negro que conferían tridimensionalidad a las formas.
Dos meses después, el rayado desaparecía y las zonas negras se expandían, llegando a acaparar figuras completas y creando mediante el contraste con el blanco una forma de iluminar cargada de reminiscencias cinematográficas.
Para 1935, y con la introducción de semitonos por trama mecánica, las imágenes de Sickles habían adquirido una cualidad casi fotográfica, que daba cuenta de su exhaustivo empleo de la documentación, pero también de su dominio del naturalismo en figuras y escenarios.
En su último año en la serie, 1936, Sickles llegó a realizar tiras de una belleza inusitada, con una iluminación exquisita, un manejo sensual de la mancha, un control prodigioso de la línea y una eficaz variación de planos y encuadres.
Desafortunadamente, la excelencia no se extendía al terreno del relato. Sickles se limitaba a improvisar sobre la marcha las aventuras de su cow-boy con avión en lugar de caballo, en tramas previsibles y carentes de emoción. Sin llegar a sentirse nunca totalmente cómodo en su labor, finalmente, acabó abandonando la serie y el medio, dedicando el resto de su vida a la ilustración con gran éxito.
Suerte muy distinta corrió su amigo y colega Canniff, que con el estreno en octubre de 1935 de su nueva serie Terry y los Piratas lograría alcanzar el Olimpo de la historieta, aplicando las enseñanzas obtenidas en su tiempo compartido con Sickles. Si en su arranque Canniff plantea una estética casi de línea clara
(con un Terry muy tintiniano, con su mechón en la frente y sus pantalones bombachos), pronto comienza a jugar con las tramas, los rallados y algún bloque de negro para equilibrar las composiciones.
Para finales del 35 su capacidad para la iluminación ya es comparable a la de Sickles. Su dibujo, sin embargo, evolucionaría por caminos de progresiva estilización, frente al realismo de Sickles, configurando un estilo tremendamente reconocible que se convertiría en un estándar a imitar en la industria internacional.
Todas las aventuras de Scorchy Smith creadas por Noel Sickles fueron recogidas, junto a una biografía del autor escrita Por Bruce Cannell y una extensa (y anonadante) selección de ilustraciones y dibujos, en un monumental (y poco práctico) tomazo, SCORCHY SMITH AND THE ART OF NOEL SICKLES, publicado en julio de 2008 por IDW, que reposa en una de mis sufridas estanterías.















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