Con fecha de junio de 1961 y bajo el sello de Atlas Magazines, apareció el primer número de AMAZING ADVENTURES, uno más de los varios títulos que el editor Martin Goodman dedicó a publicar historietas fantásticas y extrañas, en las que la humanidad se veía repetidamente amenazada por monstruos gigantescos surgidos de las entrañas de la tierra o venidos del espacio exterior. En esta cabecera, que mutaría en su número siete en AMAZING ADULT FANTASY y en el quince y último perdería lo de Adult, al tiempo que presentaba al mundo a Spider-Man (pero esa es otra historia, para otra ocasión), Stan Lee y Jack Kirby colaboraban, solo unos meses antes del lanzamiento de Los Cuatro Fantásticos, en historietas como la titulada sencillamente TORR, un típico relato con monstruo alienígena, cuya llegada a nuestro indefenso planeta nos es presentada así.
La primera viñeta nos muestra a los dos científicos protagonistas manejando sus instrumentos de detección enfocados al cosmos; en la segunda vemos un radar con la señal de un objeto que se aproxima; la tercera viñeta, es una vista del objeto que se dirige a la tierra, desde fuera de ésta, se diría que desde algún punto de la estratosfera, subrayada por un bocadillo con la constatación de uno de los científicos: "It's a spaceship!". En la misma imagen, vemos la llegada de la nave espacial y "oímos" el grito estupefacto del astrónomo. Genial en su sencillez, si lo pensamos, es un montaje muy loco: de la tierra al espacio y vuelta a la tierra (y eso sin mencionar la peculiar representación de nuestro cosmos cercano, repleto de planetoides); y una solución narrativa que, posiblemente, únicamente tiene sentido en el medio historieta. Pero que, sin embargo, para un lector habitual de tebeos resulta de lo más normal. De hecho, a mí me pasó desapercibida en el momento, y seguí leyendo como si nada. Resulta, que el extraterrestre, el Torr del título. intercambia su cuerpo con uno de los científicos, como se explica aquí.
Al pasar la página (su copia digitalizada, en mi caso), un texto de apoyo nos anuncia que Torr y el protagonista abandonan la cueva a la que el monstruo había llevado a los dos hombres. Pero lo que nos muestra la viñeta es esto.
De nuevo una vista desde una órbita cercana a la tierra, con su abundancia de cuerpos celestes. Pero aquí no hay nave u objeto alguno que justifique la elección del "plano". Tan sólo, la verborrea amenazante de Torr, ocupando casi todo el espacio de la viñeta. Esta vez, la extrañeza se apoderó de mi. Pero seguí leyendo. Y resulta, que, a pesar de sus bravatas, el protagonista le pega un tiro a su falso compañero (en realidad, Torr), delante de todo el mundo, y es acusado por ello de asesinato. Por fortuna para él (aunque no para la verosimilitud del relato), justo cuando está siendo juzgado por el crimen, el supuesto asesinado revive, a pesar de los balazos, y se presenta para exonerar a su amigo.
¿Y qué imagen elige Kirby para ilustrar el momento en que el resucitado explica a los presentes que su colega no le mató a él, sino a un ser de otro planeta que lo había poseído?: otra vez, una "toma" desde el espacio -en esta ocasión con la tierra de cuerpo entero-, sin la menor justificación, absolutamente por la cara. Todo apunta, claro, a que se trata de un recurso para ahorrar esfuerzo, para quitarse de en medio una viñeta con rapidez. Un recurso que se repetirá en algún otro número de esta serie. Pero no (que yo conozca) a partir de la "era Marvel", durante la cual "el Rey" siempre dio la impresión de entregarse al máximo. Un recurso justificado por las circunstancias laborales: Kirby tiene créditos en seis títulos en junio de 1961. Y también, esta mezcla de chapuza y genialidad, es parte intrínseca y definitoria del medio, y de la cultura de masas
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