Se ha convertido en lugar común el calificar a la miniserie del SQUADRON SUPREME de Mark Gruenwald y varios dibujantes (12 números entre 1985 y 1986 editados por Marvel), como un "Watchmen antes de Watchmen". Entiendo que la comparación se debe a que ambas obras presentan unos EEUU convertidos en distopía por la acción equivocadamente bienintencionada de los superhombres que los habitan, planteando una serie de dilemas ético/filosóficos en torno al ejercicio del poder. Esta coincidencia es innegable, pero también lo es que, más allá de esta premisa, las diferencias entre la obra de Gruenwald y la de Moore y Gibbons (12 números entre 1986 y 1987 editados por DC) son mucho más notables que sus semejanzas, sobre todo en lo formal. Si Watchmen supuso un impacto para el género de superhéroes, la historieta norteamericana en general, e incluso la mundial, fue tanto por los temas que planteaba como por el modo en que lo hacía, rehuyendo de las maneras y amaneramientos típicos del comic-book para ensayar recursos novedosos que reforzaran los motivos de la obra y que añadieran niveles de lectura, desde una perspectiva posmoderna y metalinguística. Squadron Supreme, en cambio, abraza sin cortapisas los modos clásicos del tebeo superheróico, y hasta parece refocilarse en ellos. En un momento en el que ya estaban empezando a quedar en desuso, Gruenwald no se priva de ningún recurso tópico: textos de apoyo descriptivos y de localización; globos de pensamiento y diálogos expositivos; repetidas presentaciones de personajes; resúmenes de lo acontecido en cada número; caracterizaciones estereotipadas; escenas de lucha "de rigueur" -aunque menos de lo habitual-, etc… A esto se suma la labor, no menos tópica y predecible de los dibujantes: Bob Hall en los cinco primeros números, y Paul Ryan en los restantes, a excepción del séptimo, bosquejado por un John Buscema en piloto automático que, aún así, le da sopas con honda a los otros dos (de hecho, de haberse encargado Big John de la miniserie completa le hubiera otorgado un valor añadido, por mostrarnos una interpretación en el canónico estilo marvelita de lo que no son sino trasuntos de los personajes icónicos de DC). Llama la atención, también, la densidad argumental: Gruenwald hace que los doce números de la serie (el primero y el último, de doble extensión) casi se le queden cortos para la cantidad de personajes y tramas que quiere desarrollar: un no parar de relaciones que se inician y rompen, de traiciones y cambios de bando, de romances, de impostores, de dudas morales expresadas a viva voz, de muertes (y un nacimiento)… Las peripecias del Escuadrón tienen un tono eminentemente melodramático y sentimental y un poco disparatado, que me recuerda mucho a los culebrones del prime time norteamericano coetáneos, con el Escuadrón funcionando como unos Channing o Ewing vestidos de licra. Calificativo que no pretende ser necesariamente peyorativo por mi parte. Squadron Supreme es un tebeo divertido, que se lee con agrado y que contiene elementos e ideas inusuales en el género, sobre todo en su momento, aunque planteados con unas formas que los someten a la ortodoxia.





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