LLAMAN A LA PUERTA (2023), el penúltimo largometraje de M. Night Shyamalan, plantea un dilema moral de calado: el sacrificio individual en aras de la supervivencia de la humanidad, nada menos. Para ello, el guion, basado en una novela, recurre a una recreación remodelada del Apocalipsis bíblico, planteando la ordalía a la que se ven sometidos un matrimonio (homosexual) y su hija, cuando se les presentan cuatro individuos que profetizan el inminente fin del mundo, sólo eludible si la familia accede al sacrificio de uno de los miembros. Si no toman una decisión, se consumará la catástrofe y serán las últimas personas vivas en la tierra. La familia se debate entre el horror y la incredulidad, pero, cada vez que se niegan as tomar una decisión, uno de los cuatro visitantes es asesinado por los otros, desatando una de las cuatro hecatombes que han de acabar con la humanidad. La película está muy bien escrita y filmada con la brillantez habitual en Shyamalan, con gran precisión en su puesta en escena, que transmite la inquietud y las dudas que propone el relato. Mi problema con la película reside en la forma en que es usada la temática bíblica, desnudada de cualquier alusión religiosa, empleada más como un ardid narrativo, un recurso como de juego de rol, casi un gimmick publicitario. ¿Para qué recurrir al "lore" bíblico" si no hay inteción de profundizar en él? Me ha transmitido una sensación similar a la que experimenté con lecturas recientes como Al Este del Oeste, de Hickman y Dragotta, que también reinterpretaba el Apocalipsis bíblico y sus Cuatro Jinetes en clave de distopía futurista, o The Wicked + The Divine, de Gillen y McKelvie, con su uso de los dioses y diosas de la mitología universal, sometidos también a un ritual de nuevo cuño ("Cada noventa años, doce dioses regresan como jóvenes. Los aman. Los odian. En dos años, mueren todos") arbitrario y desvinculado de los mitos originales. No son malos tebeos, ni Llaman a la puerta es una mala película, pero este empleo de referencias culteranas, principalmente de índole religiosa, extraídas de su contexto, banalizadas y reducidas a una utilidad estética, no deja de chirriarme y resultarme caprichoso y gratuito.
lunes, 19 de agosto de 2024
SPIROU: LA ESPERANZA PESE A TODO / L'ESPOIR MALGRÉ TOUT, 4
jueves, 1 de agosto de 2024
SUBMARINE PATROL
miércoles, 31 de julio de 2024
LA POSESIÓN / POSSESION
lunes, 29 de julio de 2024
EYES WIDE SHUT
Cuando la esposa le confiesa al marido que ha tenido fantasías sexuales con otro hombre, el marido, llevado por los celos, se lanza a la calle dispuesto a devolverle los cuernos a su señora. Pero, unas veces por imprevistos y otras por sus propios escrúpulos, es incapaz de consumar la infidelidad/venganza. Tras una experiencia particularmente mala en una orgía, retorna a casa y confiesa su aventura a la esposa, que le perdona, y hasta parece encontrar una renovada pasión por su marido. ¿El argumento de una película de Ozores protagonizada por Alfredo Landa? No: EYES WIDE SHUT (1999), de Stanley Kubrick. Cuando la vi en su estreno, la califiqué de mera excusa para filmar tetas y culos. Hoy, teniendo reciente buena parte de la filmografía del genio inglés, no puedo ser tan iconoclasta. A pesar de su argumento, o precisamente gracias a él, Eyes Wide Shut es un peliculón. No cabe duda de que la película está filmada con el perfeccionismo marca de la casa, con una especial relevancia de los diferentes escenarios: el lujo "cozy" e hiperiluminado del hogar de Tom Cruise y Nicole Kidman; la inhospitalidad de las calles neoyorquinas, recreadas con extremo detalle, pero sin dejar de traslucir su falsedad; la sordidez de la tienda de disfraces o la extraña calidez humilde de la casa de la prostituta. La set piece más extensa y desconcertante, la de la orgía ritual, es como un Just Jaeckin antierótico y, al tiempo, un prodigio de desasosiego. El guion, basado libremente en una novela, está muy bien escrito, y aún así, es lo único que no me puedo tomar en serio de la película. Se me escapa qué pretendía contar Kubrick más allá de la literalidad de su trama filo-ozoriana y proto-QAnon. Pero la peli da gusto verla.
lunes, 15 de julio de 2024
RRR (RISE ROAR REVOLT)
domingo, 14 de julio de 2024
POBRES CRIATURAS / POOR THINGS
Vaya por delante, que POBRES CRIATURAS (2023) supone mi primer contacto con el cine de Yorgos Lanthimos. Ignoro, pues, qué significación tiene en su filmografía y si supone una adulteración de su discurso habitual, como algunos opinan. Lo que sí se es que me ha decepcionado grandemente. Con la colaboración entusiasta de Emma Stone, excelente en el papel de una criatura compuesta por el cuerpo de una suicida embarazada a la que se ha revivido e insertado el cerebro de su propia hija nonata, dando como resultado una mujer adulta con la mentalidad de una recién nacida, Lanthimos plantea una parábola con ciertos tintes satíricos, al enfrentar a un personaje puramente inocente, una tabla rasa, con las contradicciones, hipocresías y prejuicios de la sociedad en que vive, una visión levemente fantástica de la Europa de finales del siglo XIX. Una premisa que remite tanto a Frankenstein como a Eduardo Manostijeras (Tim Burton, 1990), e incluso a Boudu Salvado de las Aguas (Jean Renoir, 1932). Bella Baxter, el personaje de Stone, experimentará las alegrías y tristezas de la existencia adulta con un talante que se pretende iconoclasta, a resultas de su desconocimiento de las normas y condicionamientos sociales y morales. Pero es una heterodoxia tan elemental y de escaso calado que se queda en una sucesión de gamberraditas cuquis, principalmente referidas a la desinhibición sexual del personaje; una colección de provocaciones por/para pijos, que pasa, sin mojarse, por encima de temas espinosos como el del descubrimiento de la pobreza, o el de la prostitución, y que no parece buscar en el espectador nada más que una risilla complice. Y que en lo formal ofrece un esteticismo inexpresivo, decorativo, un gratuito barroquismo digital muy a la moda, acentuado por los caprichosos estilemas del gran angular y los ojos de pez. Al final, con quien más se emparenta Bella Baxter es con esa otra criatura ingenua confrontada a los sinsabores de la vida real, la coetánea Barbie (Greta Gerwig, 2023), con su feminismo oportunista y confuso, sus pretensiones de concienciación, su estéticismo vacuo y su existencialismo de parvulario. ¿Para cuándo la Barbie Bella?

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