DAREDEVIL: BORN AGAIN (2025, Marvel/Disney`+), tenía todas las papeletas para no gustarme nada. Ya no fui capaz de completar el visionado de la primera serie del personaje (2015-2018, Marvel/Netflix), plantándome en la segunda temporada, aburrido por la ausencia de músculo narrativo y su tratamiento low-fi de lo superheroico. Born Again no hace sino abundar en este enfoque: el protagonista renuncia a su alter ego enfundado en rojo tras el primer episodio, lo cual, junto a la desaparición de dos personajes destacados de la primera serie, la llegada de una Heather Glenn muy diferente a la de los tebeos, y el nombramiento de Kingpin como alcalde de Nueva York, plantean un nuevo paradigma, que la serie logra desarrollar un poco a trancas y barrancas, entre aciertos como el protagonismo de la ciudad, y de sus habitantes, a modo de coro griego; e ideas chuscas, como la terapia matrimonial de Fisk y Vanessa; pero, también, con ecos de las temporadas tebeísticas de los guionistas Bendis y Brubaker y de sus principales colaboradores gráficos, Maleev y Lark. Y, a destacar, el ingenioso episodio quinto, en el que Murdoch desarticula un atraco con rehenes sin desvelar su identidad secreta (con co-protagonismo del papá de Kamala Kahn).




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