Me sumo con alegría a los parabienes para con la versión de EL ETERNAUTA de Netflix. Gracias a un guion excelente y una realización cuidada y precisa, la serie televisiva (bueno, multipantalla; en fin, lo que sea) dirigida por Bruno Stagnaro y con Ricardo Darín en el papel titular, funciona con un brío que no decae del primer al último minuto. Todos los añadidos y variaciones respecto de la obra original son coherentes con esta, útiles y hasta necesarios (por ejemplo, el dotar de mayor protagonismo a las mujeres; a pesar de ser pionero en introducir una mirada madura en la historieta, Oesterheld no pudo romper con algunas de las reglas no escritas del tebeo juvenil). Todas las angustias, los conflictos morales, los cantos a la amistad y a la solidaridad, las dificultades para que estas prevalezcan, y las alegrías ante las batallas ganadas del Eternauta de Oesterheld y Solano están en este. También las imágenes icónicas: el chalet aislado como una isla en un mar de muerte, las anchas avenidas pobladas tan solo por cadáveres y cubiertas por la irreal nevada, los cascarudos devorando a sus muertos, los primeros planos de los ojos asombrados de Juan Salvo tras su máscara; y otras nuevas: la gran muralla de coches amontonados, el vagón de tren atestado de supervivientes horrorizados, la torre de la iglesia en llamas anunciando el final de los que allí quedaron... Y esa imagen final, tras la cual hubiera sido criminal que no tuviéramos una continuación (parece que está confirmada la segunda temporada). Sólo echo de menos el prólogo con el alter ego de Osterheld. Hubiera sido un bello homenaje y es, al fin y al cabo, una parte importante del relato.






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