miércoles, 31 de julio de 2024

LA POSESIÓN / POSSESION




De las varias reseñas que he leído sobre LA POSESIÓN (Andrzej Zulawski, 1981), el adjetivo, de entre todos los empleados por los diferentes escritores, que considero más apropiado para describir la película es "agotadora". Con un arranque in media res que presenta al matrimonio protagonista (Sam Neill e Isabelle Adjani) en plena descomposición, la subsiguiente espiral de desquiciamiento e implausibilidad de que hará gala el comportamiento, no ya de la pareja, sino de prácticamente cualquier otro personaje, incluidos los figurantes, dan lugar a una experiencia que, definitivamente, no es para cualquier espectador, ni para cualquier momento. Cuándo aparecen en escena el lúbrico monstruo lovecraftiano y la imposible doppelgänger de la mujer, queda establecido que nos hayamos en un universo paralelo, en un Berlín Occidental fotografiado de forma casi documental, pero devenido, bien por la influencia monstruosa, bien por su propia psicohistoria, en escenario pesadillesco, irreal e ilógico, en el que la Adjani transita desatada, con clímax en la escena del metro, para placer de quienes gusten de este tipo de exhibiciones actorales (no me cuento entre ellos). Planeada por Zulawski a raíz de su propio y doloroso divorcio, e interpretable también en clave feminista, el tremebundo a la vez que desopilante final transporta a la película a terrenos de delirio fantástico/surrealista muy estimulantes, para quien no haya abandonado previamente por colapso nervioso.



lunes, 29 de julio de 2024

EYES WIDE SHUT




Cuando la esposa le confiesa al marido que ha tenido fantasías sexuales con otro hombre, el marido, llevado por los celos, se lanza a la calle dispuesto a devolverle los cuernos a su señora. Pero, unas veces por imprevistos y otras por sus propios escrúpulos, es incapaz de consumar la infidelidad/venganza. Tras una experiencia particularmente mala en una orgía, retorna a casa y confiesa su aventura a la esposa, que le perdona, y hasta parece encontrar una renovada pasión por su marido. ¿El argumento de una película de Ozores protagonizada por Alfredo Landa? No: EYES WIDE SHUT (1999), de Stanley Kubrick. Cuando la vi en su estreno, la califiqué de mera excusa para filmar tetas y culos. Hoy, teniendo reciente buena parte de la filmografía del genio inglés, no puedo ser tan iconoclasta. A pesar de su argumento, o precisamente gracias a él, Eyes Wide Shut es un peliculón. No cabe duda de que la película está filmada con el perfeccionismo marca de la casa, con una especial relevancia de los diferentes escenarios: el lujo "cozy" e hiperiluminado del hogar de Tom Cruise y Nicole Kidman; la inhospitalidad de las calles neoyorquinas, recreadas con extremo detalle, pero sin dejar de traslucir su falsedad; la sordidez de la tienda de disfraces o la extraña calidez humilde de la casa de la prostituta. La set piece más extensa y desconcertante, la de la orgía ritual, es como un Just Jaeckin antierótico y, al tiempo, un prodigio de desasosiego. El guion, basado libremente en una novela, está muy bien escrito, y aún así, es lo único que no me puedo tomar en serio de la película. Se me escapa qué pretendía contar Kubrick más allá de la literalidad de su trama filo-ozoriana y proto-QAnon. Pero la peli da gusto verla.



lunes, 15 de julio de 2024

RRR (RISE ROAR REVOLT)






Cabría pensar que un país dotado de una economía emergente y de una industria cinematográfica potente como es la India, podría ser a estas alturas un competidor importante en las batallas por el soft-power cultural, siguiendo la estela de Japón -con el anime, el manga y la gastronomía- y Corea del Sur -con el cine, las series y el manhwa-. De hecho, esa era la intención manifestada por un directivo de una de las mayores empresas mediáticas del país, recogida en el libro Cultura Mainstream de Frederic Martel, en 2010. Sin embargo, las propias características socio-políticas del país, un estado muy descentralizado, con multitud de lenguas y religiones y varios centros de producción ("Bollywood" en lengua hindi; "Kollywood" en lengua Tamil; "Tollywood" en lengua Telugu), han dificultado hasta la fecha la expansión global de lo que localmente es un fenómeno de tremenda productividad y aceptación popular. RRR (RISE ROAR REVOLT) (S.S. Rajamouli; 2022) es el primer filme indio que se convierte en un éxito a escala planetaria (más allá del reconocimiento de crítica y festivales a Satyajit Ray y algún otro). Triunfando primero en salas y luego en Netflix, este producto Tollywoodiense, ha conseguido lo que no consiguió el gigante de Bollywood, gracias a su combinación de trama folletinesca, moderno look digital y un apabullante sentido del espectáculo. La narración es una exaltación patriótica, protagonizada por dos héroes de la lucha por la independencia (que en la realidad no coincidieron nunca), enfrentados a unas fuerzas coloniales retratadas sin sutileza alguna como monstruos despiadados (a excepción de la enamorada de uno de los héroes), plagada de clichés hinchados hasta el absurdo (Ram, uno de los protagonistas, se infiltra en las fuerzas del orden británicas, llegando hasta el punto de torturar salvajemente a su amigo, con tal de no revelar su tapadera), de proezas físicas imposibles (ver fotos), y de algunos números musicales no menos inusitados. La película tiene, además, y como expone este revelador artículo: RRR movie on Netflix: The wild Indian blockbuster has a troubling political subtext. (slate.com), algunos problemas de corte ideológico, que pasan desapercibidos por el público foráneo. Pero, todos sus handicaps se ven desbancados por la insólita energía y desinhibición narrativa de que hace gala, que la convierte en un festival de diversión, sorpresas continuas y épica desaforada, logrando que sus tres horas se consuman con fruición.






domingo, 14 de julio de 2024

POBRES CRIATURAS / POOR THINGS



 Vaya por delante, que POBRES CRIATURAS (2023) supone mi primer contacto con el cine de Yorgos Lanthimos. Ignoro, pues, qué significación tiene en su filmografía y si supone una adulteración de su discurso habitual, como algunos opinan. Lo que sí se es que me ha decepcionado grandemente.  Con la colaboración entusiasta de Emma Stone, excelente en el papel de una criatura compuesta por el cuerpo de una suicida embarazada a la que se ha revivido e insertado el cerebro de su propia hija nonata, dando como resultado una mujer adulta con la mentalidad de una recién nacida, Lanthimos plantea una parábola con ciertos tintes satíricos, al enfrentar a un personaje puramente inocente, una tabla rasa, con las contradicciones, hipocresías y prejuicios de la sociedad en que vive, una visión levemente fantástica de la Europa de finales del siglo XIX. Una premisa que remite tanto a Frankenstein como a Eduardo Manostijeras (Tim Burton, 1990), e incluso a Boudu Salvado de las Aguas (Jean Renoir, 1932). Bella Baxter, el personaje de Stone, experimentará las alegrías y tristezas de la existencia adulta con un talante que se pretende iconoclasta, a resultas de su desconocimiento de las normas y condicionamientos sociales y morales. Pero es una heterodoxia tan elemental y de escaso calado que se queda en una sucesión de gamberraditas cuquis, principalmente referidas a la desinhibición sexual del personaje; una colección de provocaciones por/para pijos, que pasa, sin mojarse, por encima de temas espinosos como el del descubrimiento de la pobreza, o el de la prostitución, y que no parece buscar en el espectador nada más que una risilla complice. Y que en lo formal ofrece un esteticismo inexpresivo, decorativo, un gratuito barroquismo digital muy a la moda, acentuado por los caprichosos estilemas del gran angular y los ojos de pez. Al final, con quien más se emparenta Bella Baxter es con esa otra criatura ingenua confrontada a los sinsabores de la vida real, la coetánea Barbie (Greta Gerwig, 2023), con su feminismo oportunista y confuso, sus pretensiones de concienciación, su estéticismo vacuo y su existencialismo de parvulario. ¿Para cuándo la Barbie Bella?