
Por ambición creativa y comercial, al llevar a cabo un triple salto mortal con tirabuzón de acumulación de personajes-franquicias-estrellas-conceptos, y al presentar en el cine superheroico la variante de la crisis cósmica (superando por la derecha, la izquierda, arriba y abajo a DC-Warner); por resultados, al ofrecer una narrativa sólida, contundente y -en general, aunque con ciertos desequilibrios humorísticos extemporáneos (ejemplo: el chiste de la invisibilidad de Drax)- equilibrada, y una plasmación visual satísfactoria aunque sin alardes; y por lograr reproducir las sensaciones de asombro, fascinación y capacidad de inspiración que transmiten los mejores tebeos del género; y aún antes de que nos llegue la confirmación (o decepción, improbable) en su segunda parte, VENGADORES: INFINITY WAR se ha ganado, ya, un puesto entre las películas más importantes del género, y un lugar al lado del primer Iron Man y el primer Vengadores, como hitos básicos del universo cinematográfico marvelita.
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