jueves, 19 de abril de 2018

O ALGO... / SUPERHEROÍNAS Y SUPERAUTORAS




En plena ola de apropiación del mensaje feminista por parte de la industria mediática y cultural, conviene constatar que mucho de lo más digno, fresco y relevante que se ha estado publicando en los últimos años dentro de la mayoritariamente abotargada, producción del género de superhéroes, ha aparecido, precisamente, en títulos protagonizados y escritos y/o dibujados por mujeres.
Si bien es cierto, que las supermujeres existen desde los inicios del género, también lo es que, Wonder Woman aparte, su número e impacto ha sido limitado (al menos hasta la aparición de los X-Men y X-Women de Chris Claremont). Por otro lado, la presencia de autoras en la industria yanqui de la historieta ha tenido precursoras destacadas, algunas recientes y todavía en activo como Gail Simone o Devin Grayson, pero la afluencia de estas se ha visto incrementada a partir de la década de los diez del siglo XXI y viene enmarcada en una tendencia más amplia de infundir al género superheróico de una cierta diversidad respecto al sexo y la raza de sus autores y personajes, rompiendo con el arquetipo WASP instaurado por Superman (un alienígena procedente de un planeta donde, a juzgar por su representación clásica, los varones blancos y heterosexuales poseen las mayores cuotas de poder económico, social y político, justo como en el nuestro).
El arranque de esta afluencia creciente se puede rastrear en buena medida a raiz de la aparición de dos escritoras. La una, Marjorie Liu quien, entre otros trabajos, se hizo cargo de 2010 a 2012 de una serie dedicada a la Wolverine femenina X-23, con eficaces guiones volcados al drama y al "grim & gritty"que presentaban reflexiones en torno a la adolescencia, la marginación y la identidad, y que, también en 2012, se encargó de presentar la primera boda gay (e interracial, por demás) del género, cuando Northstar y su novio Kyle se dieron el "sí quiero" en Astonishing X-Men nº 5. La otra, Kelly Sue DeConnick, fue responsable del que es claramente un título seminal y que marcó el camino para otros que vinieron luego: Captain Marvel, serie que en 2012 recuperó la cabecera del antiguo superhéroe masculino (fallecido diegéticamente en 1982 y sorprendentemente nunca resucitado) para otorgársela a la que fuera primero personaje secundario "de paisano" y luego superheroina derivativa con la identidad de Ms. Marvel, Carol Danvers, con la clara intención de convertirla en personaje femenino de referencia del universo Marvel (su Wonder Woman).
DeConnick y sus colaboradores lograron con éxito su cometido sometiendo al personaje a un proceso de rediseño, rebajando la carga sexual de su disfraz, aupándola en el escalafón superheroico al hacerla asumir el nombre código de Captain en lugar del feminizado Ms., e insuflando espíritu de hermandad femenina al relato de sus hazañas, al convertir a la superheroína en ídolo y modelo a seguir para otras mujeres, representadas principalmente por el personaje de la pequeña Kit.,Todo ello por medio de unos guiones modélicos en su capacidad de dotar de personalidad a la protagonista y a los abundantes secundarios y estrellas invitadas, mayormente femeninos, al tiempo que eran divertidos y respetuosos con la herencia del personaje.
Su éxito y en especial su aceptación por parte del público femenino marcaron una senda a seguir, como quedó ratificado cuando en 2014 se presentó un título que recuperaba el de Ms. Marvel, que había quedado vacante, y que además presentaba a un nuevo personaje, Kamala Khan, que asumía esa identidad llevada de su admiración por la actual Capitana.
Este personaje, a todas luces insólito, una adolescente de origen paquistaní y religión musulmana, revalidaría los logros de su predecesora, gracias al equipo encabezado por la guionista G. Willow Wilson, que creó una protagonista carismática, empeñada en ser una heroína a pesar de todos los obstáculos que sus obligaciones respecto a familia, estudios y amigos le plantean, en la que se han visto reflejados, como en su momento ocurriera con otro héroe juvenil y de barrio, Peter Parker/Spiderman, muchas lectoras y lectores.
Seguirian en 2016, Patsy Walker AKA Hellcat, delicioso festival de risas y acción, obra de Kate Leth, en los guiones y Brittney Williams a los dibujos; Moon Girl and Devil Dinosaur, que presenta las aventuras, escritas por Amy Reeder y Brandon Montclare y con estupendos dibujos de la española Natacha Bustos, de una heroína aún más joven que Kamala Kahn, la afroamericana de nueve años, Lunella Lafayette, que no sólo se ve imbuida del asombroso poder de proyectar su mente al cuerpo del kirbyano Dinosaurio Diabólico, sino que posee además una inteligencia portentosa; y la comedia de superespionaje Mockingbird, creada por la guionista Chelsea Cain y la dibujante Kate Niemczyk. Y en 2017, las andanzas detectivescas de Kate Bishop, la Hawkeye femenina y milenial, narradas por Kelly Thompson, y la odisea multiversal de la adolescente latina y lesbiana America, por Gabby Rivera.
A estos títulos, se podrían añadir la serie grupal A-Force de 2015, que a pesar de contar con la Capitana Marvel en su plantilla y con G.Willow Wilson y Kelly Thompson a los guiones no acabó de lograr transcender su condición de "Vengadores de segunda" y obtener una personalidad propia; y, aunque no cuenten con guionistas femeninas, pero compartiendo espíritu, la Unbeatable Squirrel Girl escrita por Ryan North y con Erica Henderson como excelente y personal ilustradora, heroína de poderes absurdos (bueno, más absurdos de lo habitual) y personalidad excéntrica pero encantadora, en unas narraciones repletas de humor disparatado, pero tierno, y de metalenguaje; o la SpiderWoman del guionista Dennis Hopeless, con dibujos del gran Javier Rodríguez, primero, y Veronica Fish, después, que tiene la osadía de presentar a la protagonista embarazada durante buena parte de su desarrollo.
Todos estos títulos comparten una serie de rasgos comunes: hay menos recurrencia a la violencia y al "festín de tortas" obligatorio en cada número, con un tono general de mucho humor (y títulos como Squirrel Girl y Hellcat, directamente orientados a la comedia), con un tratamiento de lo heróico alejado de cinismos u oscuridades, que da importancia a las relaciones personales, y que apela a un lector/a joven, con múltiples referencias a fenómenos contemporaneos como la omnipresencia de lo digital y los nuevos vínculos sociales que esta favorece,
Y, sí, todos los mencionados pertenecen a Marvel. Y, ¿mientras, en DC? Pues, como tantas otras veces, a la estela de la competencia y a medio gas: en 2014, la anteriormente mencionada Gail Simone, fue sustituida en la serie Batgirl por un equipo constituido por los guionistas Cameron Stewart y Brendan Fletcher, más la dibujante Babs Tarr, quienes procedieron a una capitanamarvelización de la batiheroina, vistiéndola con un nuevo disfraz con botas Dr. Martens y convirtiéndola en una nerd colgada del movil, instalada en un barrio hipster y que vive aventuras mientras se relaciona con un amplio reparto de secundarios, jóvenes y de variada condición sexual.
La inicial repercusión obtenida por la cabecera llevaría a DC a entregar a Stewart y Fletcher una nueva serie en 2015, Black Canary, esta vez con Annie Wu a los lápices, y con la protagonista combinando su carrera superheroica con la de vocalista en un grupo femenino de rock. Ambas series presentaban buenas intenciones, pero su tono resultó deslavazado, oscilando de lo simpático a lo extravagante (por no mencionar el embolado que provocó la poco afortunada aparición de un grotesco villano transexual/drag). Las dos concluirian en el verano de 2016, aunque DC refrendó su apuesta por la perspectiva de género con el inmediato regreso de la primera con Hope Larson a los guiones, acompañada de una Batgirl and the Birds of Prey escrita por las hermanas Julie y Shawna Benson. Ambas encontrarían un tono más centrado (aunque previsible), pero aún así Birds of Prey ha sido cancelada con el número 22. La Batwoman aparecida al mismo tiempo, con Marguerite Bennet coescribiendo junto a James Tynion IV, presenta a la versión lesbiana del personaje (instaurada en 2006), en unas tramas de "pasado traumático" y acento oscuro que suenan tristemente a trillado. Más interesante podría haber sido el trabajo de Bennet en la serie de 2015 (primero publicada en formato digital y luego en papel) DC Bombshells, sino fuera por la elementalidad de unos guiones que poco aportan a la mera recreación en acción de los diseños de una colección de estatuillas de heroínas DC al estilo "pin-up" de los 40, a pesar del atractivo de plantear un universo alternativo a la continuidad oficial que establece a estas heroínas como originales y no derivativas de los héroes masculinos,
Mientras tanto, y a pesar de la marcha de De Connick en 2015, Captain Marvel (con varias renumeraciones, como es práctica común estos días) ha continuado manteniendo sus cualidades gracias al dúo Michele Fazekas y Tara Butters, y, actualmente, Margaret Stohl, y tanto ella como Ms. Marvel multiplicaron su presencia en las series Marvel, formando parte de varios supergrupos y coprotagonizando, la primera, el "evento" Civil War II. Y aunque no ocupan puestos muy elevados en los rankings de ventas, sí parecen bien asentadas en la plantilla de la editorial, sobre todo a partir del anuncio de la próxima adaptación fílmica de la Capitana (sin duda muy determinada por los logros del tebeo). Lo mismo ocurre con Moon Girl, (también con anunciado proyecto de serie de animación) y Squirrel Girl, a pesar de la reciente marcha de su identificativa dibujante Erika Henderson. En cambio, Hellcat, Mockingbird, Hawkeye y America han gozado de corta vida.
El despido de Axel Alonso y su sustitución por C.B. Cebulski como editor jefe de Marvel parece haber propiciado un momento de impass. A pesar de extrañas polémicas recientes (http://escobaeco.blogspot.com.es/.../inako-diaz-guerra...), y de reacciones penosas como el ciberacoso padecido por Chelsea Cain a raiz de insertar en una portada de Mockingbird un lema feminista, la tendencia general en la industria del entretenimiento pasa claramente, sobre todo a raiz de los fenómenos de los Wonder Woman y Black Panther fílmicos, por apuntar a segmentos étnicos y de género divergentes del masivamente explotado hasta ahora del hombre joven -o que aspira a seguir siéndolo- heterosexual y blanco. Las divisiones transmedia de los conglomeardos industriales a los que Marvel y DC pertenecen ya avanzan decididamente por ese terreno y las casas editoras no pueden, o no debieran, darle la espalda a este nuevo paradigma. De hecho, anuncios recientes (DC Ink, DC Zoom, Marvel Rising) señalan a esta tendencia. Traiga lo que traiga el futuro, lo cierto es que en los últimos seis años las superheroínas y sus superautoras han marcado la diferencia.

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