Pues, sí, Ditko era un bicho raro, como se han ocupado de recalcar todas las necrológicas publicadas estos días. Singular ya desde su apellido, tan guay, que bien podría ahber servido para bautizar a uno de los monstruos que dibujó en Amazing Fantasy, o a alguno de los villanos de Spiderman. Pero no me quiero referir ahora a su recluida personalidad, su peculiar ética laboral, o a su radicalidad político-filosófica (que podrían dar, incluso, para un biopic hollywoodiense, al estilo del dedicado recientemente al creador de Wonder Woman), sino a la rareza que supone el éxito logrado con su Spiderman. Porque resulta bastante obvio que el estilo gráfico de Ditko no concuerda con lo que demanda, tanto hace 57 años como ahora, el mainstream, el tebeo comercial.
Esas figuras rígidas de proporciones cambiantes, esos rostros con ojos entrecerrados y expresión tortuosa, esas contorsiones del trepamuros, más extravagantes que heróicas, esos escenarios minimalistas y barriobajeros, pueden ser difíciles de asimilar, sobre todo si (como fue mi caso -y el de muchos otros de mi generación, intuyo-) se descubren después de Romita y su glamour.
El triunfo comercial de Spiderman en manos de Ditko, dice mucho de la potencia del concepto, cuya atribución debe repartirse entre Lee y Ditko por igual. Y también de la evolución del mercado: significativamente, la obra de Ditkop, parece haber producido mayor influencia en autores que no se han dedicado al mainstream superheróico, que entre los empleados en éste. Cuando se asimila y contextualiza debidamente la estética y narrativa de Ditko, se descubre a un creador poderoso con una visión única del mundo real y de los mundos fantásticos, que ha dejado una profunda huella en la creatividad del siglo XX, y cuya biografía, además, resulta tan enigmática como fascinante.
Esas figuras rígidas de proporciones cambiantes, esos rostros con ojos entrecerrados y expresión tortuosa, esas contorsiones del trepamuros, más extravagantes que heróicas, esos escenarios minimalistas y barriobajeros, pueden ser difíciles de asimilar, sobre todo si (como fue mi caso -y el de muchos otros de mi generación, intuyo-) se descubren después de Romita y su glamour.
El triunfo comercial de Spiderman en manos de Ditko, dice mucho de la potencia del concepto, cuya atribución debe repartirse entre Lee y Ditko por igual. Y también de la evolución del mercado: significativamente, la obra de Ditkop, parece haber producido mayor influencia en autores que no se han dedicado al mainstream superheróico, que entre los empleados en éste. Cuando se asimila y contextualiza debidamente la estética y narrativa de Ditko, se descubre a un creador poderoso con una visión única del mundo real y de los mundos fantásticos, que ha dejado una profunda huella en la creatividad del siglo XX, y cuya biografía, además, resulta tan enigmática como fascinante.

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