En 1945, la BBC le encargó a Sax Rohmer, el afamado creador de las novelas de Fu Manchu, un serial radiofónico con su sello característico, Eso sí, como no querían meterse en líos con la República (todavía no Popular) China, le pidieron que crease una alternativa a su peculiar supervillano enfrentado a la civilización occidental y empeñado en obtener el poder global. Ni corto ni perezoso, Rohmer pergeñó una idea sin fisuras: Sumuru, una supervillana enfrentada a los hombres, así, en general, y empeñada en imponer un poder global matriarcal. Todo sutileza, el Rohmer. El personaje se desarrollaría a partir de 1950 en cinco novelas, y en 1967, el turbio productor Harry Alan Towers, que ya había llevado a Fu Manchu a la pantalla grande en un ciclo de películas, hizo lo propio con Sumuru, en EL MILLÓN DE OJOS DE SUMURU, un film dirigido por Lindsay Shonteff, protagonizado por el galán de medio pelo George Nader, su sidekick fallidamente cómico Frankie Avalon y, como la villana titular, la bella Shirley Eaton, una ex-chica Bond, que repetiría en la secuela de 1969 y, a continuación, se retiraría del mundo de la farándula para ser mamá. La película no tiene más atractivo que el de su insólito planteamiento, dado que no aspira más que a replicar/explotar el erotismo suave Bondiano, y está realizada con una inaudita falta de eficacia, sobre todo en las escenas de acción. La mencionada secuela, la dirigió el inefable Jesús Franco, y la vi hace unos años pero, ni recuerdo gran cosa, ni me apetece revisarla.
domingo, 6 de octubre de 2024
miércoles, 2 de octubre de 2024
MEMORIAS DE UN HOMBRE EN PIJAMA
Aunque MEMORIAS DE UN HOMBRE EN PIJAMA (Carlos Fernandez de Vigo, 2019) reproduce, verbatim, situaciones y diálogos del primer libro de la simpática serie de Paco Roca, el intento de trama que engarce las diferentes anécdotas, usando el modelo más convencional de la comedia romántica (chico conoce chica, problemas en la relación, resolución del conflicto), traiciona la intención del autor, la creación de un personaje un poco a lo Woody Allen, con reflexiones amables acerca de los pecadillos propios y de su generación. Las escenas de imagen real no se sabe a cuento de qué están puestas (salvo por el posible tirón publicitario de los actores). Los diseños y la animación no están mal, pero a la "foto" le sobran luces y colores y efectos de volumen. Más sencillito y plano hubiera quedado mejor.
viernes, 20 de septiembre de 2024
CIVIL WAR
jueves, 12 de septiembre de 2024
PEEPSHOW / OPTIC NERVE / SCENES FROM AN IMPENDING MARRIAGE
El último número publicado hasta este año del Optic Nerve de Adrian Tomine fue el 14, aparecido en 2004; el último del Peep Show de Joe Matt, fue también el 14, de 2006. Desde entonces no había vuelto a leer (o releer) nada de estos dos autores. Hasta el lunes pasado, que llegaron a mis manos el número 15, y póstumo, de Peep Show y el librito Scenes from an Impending Marriage, de Tomine. Peepshow siempre ha sido uno de los tebeos más descarnadamente auto-ofensivos que existen, una exposición impúdica de los peores rasgos de la personalidad del autor canadiense, destacando su adicción al porno y sus problemáticas relaciones con sus sucesivas parejas, en un tomo cómico que en ocasiones se agria más de la cuenta. Su desvergüenza, la expresividad de sus personajes y su desprecio por las convenciones sociales, me recuerdan a nuestro Vazquez. En este número, encontramos a Matt en un nuevo entorno, a raíz de su traslado desde Toronto a Los Angeles en atención al interés expresado por la plataforma HBO de adaptar Peepshow como serie, aunque hay abundantes flashbacks concernientes a sus últimos días en Canadá. También conocemos a una nueva y breve pareja... de dieciocho años. En su Optic Nerve, Tomine ofrecía relatos cortos sin personajes fijos que no entraban en lo confesional, aunque sí reflejaban, en un tono melancólico y existencial, lo que bien pudiera ser su entorno y experiencias, incluidas las referentes a su condición de ciudadano esadounidense de origen japonés. Scenes..., que no forma parte de Optic Nerve (en realidad se trata de un minitebeo que el autor conféccionó para regalar como recuerdo a los invitados a su boda y que posteriormente Drawn & Quarterly, la editorial habitual de Tomine y también de Matt, decidió publicar.) sí se basa en retazos autobigráficos, en concreto de anécdotas en torno a los preparativos de la boda. En su momento lo dejé pasar, temiendo que pudiera resultar demasiado banal, y en efecto ha resultado serlo, aunque Tomine, consciente de ello, introduce un par de escenas relativas a la toma de conciencia de la pareja de su posición privilegiada en la sociedad, tras participar como voluntarios en una actividad caritativa. La pericia narrativa del historietista también ayuda a que resulte compensatoria la adquisición del librito.
Tras su matrimonio, Tomine, de 50 años, ha tenido dos hijas, ha visto varias de sus historietas de Optic Nerve adaptadas en dos películas, participando en una de ellas como guionista, ha gozado de una exitosa carrera como ilustrador en publicaciones de prestigio como The New Yorker y, tras la experincia de Scenes... se ha volcado hacía lo autobiográfico en The Loneliness of the Long Distance Cartoonist, editado en 2020 por la editorial generalista Faber And Faber (y que aún no he leido). Joe Matt falleció en 2023 de un infarto mientras dibujaba, según el testimonio de su amigo, el también historietista Matt Wagner. Según otro de sus amigos (y personaje habitual en Peepshow), Chester Brown, entre la publicación del número 14 y la actualidad, y aparte de algún dibujo encargado por algún fan, Matt no había dibujado más que las páginas publicadas en el número 15, varias de las cuales tuvieron que ser entintadas por el propio Brown. El propio Matt dice en el tebeo que había elegido conscientemente no trabajar en este punto de su vida. La propuesta serie de HBO nunca se materializó. Tuvo un par de relaciones más o menos duraderas mientras estuvo en L.A. A pesar de que los acontecimientos autobiográficos que recrea Matt en su tebeo se retrotraen a veinte años atrás, y de que Scenes... fue publicado en 2011, para mí la sensación, ha sido como la de recibir noticias de un par de viejos conocidos de los que hacía mucho que no sabía nada, y descubrir que a uno le ha ido bastante bien y al otro no tanto. La vida y las viñetas fundiéndose agridulcemente.
jueves, 22 de agosto de 2024
FRANCIS, BROTHER OF THE UNIVERSE
lunes, 19 de agosto de 2024
LLAMAN A LA PUERTA / KNOCK AT THE DOOR
LLAMAN A LA PUERTA (2023), el penúltimo largometraje de M. Night Shyamalan, plantea un dilema moral de calado: el sacrificio individual en aras de la supervivencia de la humanidad, nada menos. Para ello, el guion, basado en una novela, recurre a una recreación remodelada del Apocalipsis bíblico, planteando la ordalía a la que se ven sometidos un matrimonio (homosexual) y su hija, cuando se les presentan cuatro individuos que profetizan el inminente fin del mundo, sólo eludible si la familia accede al sacrificio de uno de los miembros. Si no toman una decisión, se consumará la catástrofe y serán las últimas personas vivas en la tierra. La familia se debate entre el horror y la incredulidad, pero, cada vez que se niegan as tomar una decisión, uno de los cuatro visitantes es asesinado por los otros, desatando una de las cuatro hecatombes que han de acabar con la humanidad. La película está muy bien escrita y filmada con la brillantez habitual en Shyamalan, con gran precisión en su puesta en escena, que transmite la inquietud y las dudas que propone el relato. Mi problema con la película reside en la forma en que es usada la temática bíblica, desnudada de cualquier alusión religiosa, empleada más como un ardid narrativo, un recurso como de juego de rol, casi un gimmick publicitario. ¿Para qué recurrir al "lore" bíblico" si no hay inteción de profundizar en él? Me ha transmitido una sensación similar a la que experimenté con lecturas recientes como Al Este del Oeste, de Hickman y Dragotta, que también reinterpretaba el Apocalipsis bíblico y sus Cuatro Jinetes en clave de distopía futurista, o The Wicked + The Divine, de Gillen y McKelvie, con su uso de los dioses y diosas de la mitología universal, sometidos también a un ritual de nuevo cuño ("Cada noventa años, doce dioses regresan como jóvenes. Los aman. Los odian. En dos años, mueren todos") arbitrario y desvinculado de los mitos originales. No son malos tebeos, ni Llaman a la puerta es una mala película, pero este empleo de referencias culteranas, principalmente de índole religiosa, extraídas de su contexto, banalizadas y reducidas a una utilidad estética, no deja de chirriarme y resultarme caprichoso y gratuito.













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