Me llama la atención. revisando LA MUJER Y EL MONSTRUO (1954, Jack Arnold), lo bien que se mueve el monstruo bajo el agua: bucea con una agilidad sorprendente para un individuo revestido de arriba a abajo con un traje de goma y un casco que le cubre la cabeza. De hecho, resulta más grácil sumergido que en tierra firme (
son disfraces y actores distintos). La película es un clásico indiscutible del cine fantástico, que se mantiene pese a los años, gracias al brío que le imprime Arnold, tanto en las escenas del acecho submarino del monstruo a los expedicionarios cuando estos se sumergen (¿Tiburón, me dice?), como en las del acoso al barco de los mismos por parte de aquel (¿Alien, me cita?). El carisma del monstruo, enamorado de la elegante belleza de Julie Adams, con sus pobladas cejas y su escueto vestuario (eso también es cine), no es el de su predecesor, el rey Kong, pero no es despreciable. Aunque se suele incluir en el lote de Monstruos de la Universal, es una producción de tono y estética muy diferente al de las protagonizadas por sus parientes góticos, quizás un paso intermedio entre estos y los monstruos "científicos" cincuenteros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario