Un ajado Dana Andrews interpreta en LA NOCHE DEL DEMONIO (Jacques Tourneur, 1957) al abuelo de Dana Scully... Me lo acabo de inventar, por supuesto, pero lo cierto es que la película podría pasar por un proto-capítulo de Expediente X, con su dupla protagonista escéptico/creyente cambiada de sexo: Andrews es el descreído que se niega a aceptar las evidencias que se ofrecen a sus ojos y Peggy Cummings la convencida de la existencia de fenómenos no explicables por la razón. Tourneur, director de al menos dos joyazas como La Mujer Pantera y El Halcón y la Flecha (ésta, obra maestra absoluta: la aventura medieval hollywoodiense definitiva), volvía al género fantástico tras una carrera variada y notable, pero que no acabó de despegar en cuanto a prestigio y capacidad de decisión. También en esta Serie B británica de la Columbia, tuvo que ceder ante los productores y acceder a mostrar de forma explícita al monstruo demoníaco (un ingenuo muñecote de la época) ¡ya en la primera escena! Está bien escrita, tiene atmósfera y es toda una pionera en la temática satánica.
viernes, 24 de mayo de 2024
jueves, 23 de mayo de 2024
PERROS DE PAJA / STRAW DOGS
Después de cinco westerns seguidos, San Peckimpah se estrenó, entre borrachera y borrachera, dirigiendo un relato contemporáneo con PERROS DE PAJA (1971), un film cuyo nivel de violencia y misantropía deja a Grupo Salvaje a la altura de un cuento infantil. El joven matrimonio formado por Dustin Hoffman (37 años, por entonces) y Susan George (20 primaveras), se instala en un pueblito de la campiña inglesa en busca de paz y tranquilidad y se encuentra con una, no muy creíble, caterva de paletos sedientos de cerveza, sexo y sangre; preferiblemente todo a la vez. Toda la película es una constante exhibición de tensión narrativa, misantropía, y ambigüedad moral (de lo narrado y de la intención del narrador) que alcanza su climax (pun intended) con la escena de la violación de la mujer, tan repulsiva como fascinante (pasto de la censura durante décadas), y se extiende hasta el final, cuando la víctima adquiere la ferocidad de los atacantes. Pelín tremendista, pero muy potente.
martes, 14 de mayo de 2024
PLAYTIME
A pesar de ir avisado, y de haber visto sus anteriores (y posterior) películas, el PLAYTIME (1967) de Jacques Tati me pilló por sorpresa. Los rasgos fundamentales de la estética de Tati ya se encuentran, en mayor o menor medida, en sus trabajos previos, pero nunca (antes o después) con la radicalidad, el rigor y la organicidad de Playtime. Planos generales, fijos, con encuadres geométricos, dentro de lo cuales se desarrollan una o varias acciones, coreografiadas con precisión, interpretadas visualmente, con diálogos banales, sin apenas función narrativa: todo al servicio de producir una sensación para la que la palabra humor se me queda corta, y el termino poesía puede sugerir un trascendentalismo que no se corresponde. Tati nos convierte en flanneurs, y hasta voyeurs (ese edificio de apartamentos con ventanales como escaparates), disfrutando de un día de asueto en la ciudad, un Paris de pega, construido a escala real (Tativille), donde nos topamos con toda suerte de personajes (entre ellos, Monsieur Tati/Hulot, pero no de forma constante), protagonizando pequeñas vicisitudes, en un crescendo acumulativo de gentes y sucesos, que tiene su epítome en la secuencia de la caótica inauguración de un restaurante, pura orgía visual, para despedirnos a continuación subidos en un autobús desde el que contemplamos como el amanecer se funde con el crepúsculo mientras suena la maravillosa Opéra des jours heureux de Francis Lemarque.
jueves, 9 de mayo de 2024
THE CREATOR / MONSTERS
Con el cariño que le tengo a MONSTERS (2010) y las buenas vibraciones que me dejaron sus participaciones en franquicias (Godzilla, 2014; Rogue One, 2016 -pese a los conflictos-), me resulta penoso tener que admitir mi decepción con THE CREATOR (2023), la película que apuntaba a ser puesta de largo de Gareth Edwards como director-autor, pero que no logra refrendar las esperanzas puestas en ella. Monsters, el debut de Edwards, tenía el encanto de los productos modestos, en recursos (presupuesto ínfimo y rodaje de guerrilla) y ambición temática (una simple historia romántica, semi improvisada, en un contexto de invasión alienígena apenas mostrada), a los que una serie de elementos afortunados (la química entre los protagonistas, la atmosfera de la localización, el uso sensible de los FX, las lecturas posibles acerca de asuntos reales como la emigración y las fronteras) confirieron, eso, un encanto inesperado. Esa capacidad de embeleso está ausente, en cambio, en The Creator, con su estatus de gran producción y su guion dedicado al TEMA del momento: la IA. Narrada en un tono grandilocuente de gran drama, por un lado personal (la búsqueda del protagonista de su esposa que sólo él cree aún viva), y por otro universal (la lucha de las IA por ser aceptadas como iguales por los humanos), la trama se embrolla en un barullo de encuentros y desencuentros del héroe mencionado y la niña artificial (y arma definitiva en la guerra de humanos vs. IA) a la que protege, entre sí y con otros perseguidores y aliados. La falta de duende del héroe, John David Washington, parece apoderarse del relato, carente de ideas especulativas interesantes, y tan sólo la probada inteligencia de Edwards en la integración de los efectos especiales y el CGI en los ambientes rurales que predominan en la película, con sus reminiscencias del mejor cine bélico, logra formular algunas imágenes, si no insólitas, sí bellas.
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