martes, 16 de abril de 2024

SPIROU: LA ESPERANZA PESE A TODO / L'ESPOIR MALGRÉ TOUT, 1-3




En Diario de un Ingenuo, primera aportación de Émile Bravo, a la serie conocida inicialmente (2006) como "Une aventure de Spirou et Fantasio par", luego renombrada "Le Spirou de" y actualmente identificada únicamente como Spirou a secas, el autor francés de origen español llevó a cabo una auténtica "vuelta a las raices", ubicando al personaje en el año 1939, sólo unos meses después de su creación por Rob-Vel, y a unas cuantas páginas del inicio de la Segunda Guerra Mundial (la invasión de Polonia ocurre un poco antes del final del álbum). El joven héroe, al que Bravo devolverá también su empleo inicial de botones de hotel, vive una serie de peripecias que, rocambolescamente acaban influyendo en el inicio de la conflagración bélica, cuyas consecuencias, para Spirou, para su Bruselas natal y para el mundo, se harán sentir en la tetralogía La Esperanza Pese a Todo, iniciada en 2018 y cuyo tercer tomo apareció en España hace unos meses. Coetáneo y compañero de estudio de los miembros de la denominada generación de la "Nouvelle BD" de los 90 del siglo pasado, aunque no se le suele incluir en la misma, quizás por haber desarrollado su carrera en grandes editoriales, sin haber pasado por los editores independientes (como L'Association, aglutinante principal del grupo), Bravo hace gala en su Spirou de las constantes que caracterizan su obra: su dedicación al público infanto-juvenil, su voluntad didáctica y moralista y su inquebrantable espíritu bonhomista. En el relato de Bravo, Spirou vive en sus carnes las fatalidades de la ocupación de su país, de la persecución a los insumisos y a los judios, de las restricciones, las deportaciones (está a punto de acabar en Austwitz), los bombardeos...  Bravo sitúa al héroe de ficción ante similares penurias a las que vivieron los responsables de que sus aventuras, que en su ficción siempre eludieron hacer mención alguna a esa dura realidad, pudieran ser gozadas por los pequeños, y grandes, lectores. 



En la vida real, el francés Rob-Vel, creador del personaje (junto a su esposa Davine y a Luc Lafnet), fue movilizado, herido y hecho prisionero. La familia del editor Jean Dupuis vivió la movilización o deportación de la mayoría de sus trabajadores, incluidos los hijos mayores, Paul -que también fue captivo de los alemanes- y Charles. También, las restricciones, el cierre de la empresa y un intento de huida del país, que acabó con el cabeza de familia exiliado en Inglaterra y separado del resto hasta el final de la contienda (dos semanas antes de su regreso a Bruselas, un ataque cerebral, mermó notablemente sus facultades). Los sótanos de los talleres de la editorial/imprenta J. Dupuis, Fils et Cie. sirvieron de refugio antiaéreo para la familia, los trabajadores y vecinos. En las viñetas de Bravo, el ingenuo idealista Spirou, se ve relacionado con la resistencia, y sus principios pacifistas se ven confrontados por la tesitura del recurso a la violencia. El codirector de la revista Spirou, René Mathews (yerno de Jean Dupuis) y el redactor jefe de la misma, Jean Doisy, fueron miembros destacados de la resistencia belga. Doisy camuflaba mensajes codificados en sus textos para la revista. Durante el periodo en que las autoridades alemanas negaron el permiso de publicación, Doisy tuvo la idea de asociarse con el marionetista Andre Moons para realizar espectáculos de títeres protagonizados por Spirou, Tif y Tondu y hasta un proto-Fantasio. Le siguieron versiones en guignol, similares a los que los propios Spirou y Fantasio emplean para ganarse unos francos en el relato de Bravo. El responsable de los decorados de los espectáculos de títeres, así como supervisor de la central bruselense del Club de Amigos de Spirou, Jean- Jacques Oblin, formó parte del grupo de saboteadores anti-alemanes conocido por Grupo G, junto a su esposa Josette. Ambos acabaron en campos de exterminio; él sobrevivió, pero ella no. Todos estos ecos entre la ficción y la realidad, confieren una resonancia especial a La Esperanza Pese a Todo, y le imbuyen de una profundidad inédita en el personaje. Pero Bravo no olvida cual es su público, ni cual es la esencia básica del personaje. Los sucesos, más dramáticos o menos, se suceden en una narración divertida, bienhumorada y trepidante. El aventurero Spirou vive su aventura, quizás, más intensa y emocionante, pero siempre sin perder su espíritu cordial y, pese a todo, esperanzado.

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