viernes, 30 de agosto de 2019
ESA EXTRAÑA SENSACIÓN / THAT CERTAIN FEELING
viernes, 9 de agosto de 2019
martes, 6 de agosto de 2019
lunes, 10 de junio de 2019
jueves, 15 de noviembre de 2018
O ALGO... / STAN LEE: R.I.P.
Por más que se empeñara (con notable éxito, como corrobora una vez más el enfoque de las elegías aparecidas a raiz de su deceso), la labor creativa de Stan Lee no puede desligarse de la de sus colaboradores. Aunque no hubieran utilizado el cacareado "método Marvel", intentar dirimir hasta donde llega el mérito de Lee y el de Kirby, Ditko, Romita, Buscema o cualquier otro es no sólo imposible, sino además inútil. Le gustara a Lee o no, Spiderman, Los 4 Fantásticos y el resto de creaciones en las que trabajó le pertenecen a sus compañeros tanto como a él. Y, aún más, le pertenecen también a los creadores que continuaron y continuan dando vida a esa mitología pop moderna, manteniéndola relevante durante los años. Lee se creyó los panegíricos de sus apólogistas y quiso ser Homero, pasando por alto, claro, que también Homero fue, tan sólo, el avatar de una creación colectiva.
lunes, 10 de septiembre de 2018
PROFESSOR MARSTON AND THE WONDER WOMEN
lunes, 3 de septiembre de 2018
O ALGO... / TÖPFFER, UN AUTOR NECESARIO
Los siete álbumes (libros apaisados en tapa dura) publicados por este maestro de escuela ginebrés entre 1833 y 1845 (en su ciudad natal los tres primeros y en París los siguientes, y distribuidos limitadamente en un principio, pero con mayor empeño comercial después, llegando a hacerse conocidos en toda Europa y hasta en los EEUU), presentan la más desarrollada expresión hasta su fecha, de una forma narrativa ensayada durante, como poco, los dos siglos anteriores, por todo tipo de creadores, conocidos o anónimos, y en diversos formatos de impresión, que Töpffer supo cuajar, exhibiendo una brillante intuición y creatividad, en una configuración que hoy podemos reconocer como plenamente representativa de lo que hemos dado en llamar historieta (algunos, otros prefieren emplear términos más internacionales).
Pero si no fuera esto bastante mérito para asignársele la afirmación mencionada al principio, podemos constatar también que la obra de Töpffer es tremendamente divertida e inteligente. El suizo era fan del pintor británico Hogarth (que también indagó con sus pinturas y grabados en torno a la secuencia narrativa de imágenes un siglo antes) y, como éste, hacía uso de su obra (literatura e historieta) para expresar su punto de vista en torno a cuestiones sociales y políticas de su momento. Pero, mientras que en sus novelas y ensayos mantenía, al parecer, un tono más serio, sus historietas son comedias desenfrenadas que aúnan sátira, sinsentido y slapstic, desarrolladas como una espiral de situaciones cómicas que se suceden en un crescendo de lógica imposible.
Los temas caricaturizados por el autor -el belicismo, la burocracia, los desmanes de la ciencia, los métodos de enseñanza, el arribismo, el amor romántico, los radicalismos...- son suficientemente universales y vigentes, por más que no compartamos su conservador punto de vista, para interesar a un lector actual. Su grafismo bosquejado, rupturista en su momento y muy meditado, como atestiguan varios textos del propio artista, es rastreable hasta el reciente auge de la línea desnuda y espontanea, sobre todo en el ámbito francófono, y muy señaladamente en el trazo de su principal exponente, Joann Sfar. Incluso el uso de las didascalias (tan efectivo que no se echan de menos los bocadillos -técnica que Töpffer no supo o no vio preciso utilizar-) se ha visto revalorizado en los últimos tiempos en el campo de la novela gráfica.
No encuentro motivos, pues, para que las historietas de Töpffer no pudieran gozar del favor del público actual. Y, sin embargo, no ha sido así, me temo, en las ocasiones en que su obra se ha publicado en nuestro país, y eso que hasta tres editoriales, al parecer, se han atrevido a hacerlo, con eco bien escaso. De esas tres, sólo de una, la valenciana El Nadir, conozco sus ediciones: un tomo (2012) que reune los avatares de Monsieur Crépin (el padre empeñado en encontrar un educador sensato para sus díscolos hijos) y Monsieur Pencil (el artista arrastrado a una vorágine bélico-surrealista por un travieso céfiro); y otro –Pioneros del Cómic (2013)- en el que junto al Monsieur Cryptogame (el afanoso entomólogo y novio a la fuga) de Tópffer se recogen trabajos de tres de los seguidores del maestro suizo: el no menos hilarante Cham, el brillante grafista Doré y el exégeta de lo rural Petit. Estas ediciones (a las que acompañan en el catálogo de la editorial otras obras decimonónicas de Doré y Caran d’Ache, amén de otros títulos singulares del siglo posterior), cuentan con la colaboración del mayor especialista en la figura de Töpffer, David Kunzle y son recomendables con efusión, lamentando tan sólo la no publicación del resto de títulos topfferianos.
(Por su parte, Ginger Ape publicó en 2015 el Monsieur Vieux Bois (y sus desdichas de enamorado no correspondido), mientras que en el catálogo de Club de Ostras figura desde 2016 el Monsieur Jabot (el advenedizo as del “postureo”), además del coetáneo Monsieur de Vertpré, inexplicablemente atribuido a Töpffer, cuando, a pesar de ser publicado en origen de forma anónima, se sabe que su autor es Eugène Forest).






