lunes, 9 de enero de 2017

BARÓN ROJO




Me gusta el trabajo que hace Carlos Puerta en BARÓN ROJO, una historia en tres álbumes, publicada por Norma (en origen, por Zèphyr, filial de Dupuis -parte del entramado Media-Participations-, de 2012 a 2015). Disfruto con su hiperrealismo impresionista y su puesta en escena clásica y eficacísima, como disfruté en su momento con el único tomo de la abortada serie El Perdición (Dibbuks, 2005), en un registro más caricaturesco de gran personalidad. Me desconcierta, sin embargo, un elemento del guion de Pierre Veys: el del "sexto sentido" del protagonista (personaje histórico, recordemos), que no acierto a entender qué función pretende cumplir, puesto que ni se asume hasta las últimas consecuencias, que derivarían al relato hacia lo fantástico, ni aporta nada, creo, en un sentido metafórico o simbólico, a una narración, por lo demás, seria e interesante, muy correcta como historieta bélica, sin necesidad de gratuidad semejante.

lunes, 31 de octubre de 2016

DOCTOR STRANGE

 



Ni un guión más que competente, ni la rutilante presencia de Benedict Cumberbatch, compensan, en el DOCTOR STRANGE fílmico (Scott Derrickson, 2018) , ante el escasamente estimulante imaginario visual de que hacen gala Derrickson y su equipo, en lo que, precisamente, debiera ser el plato fuerte del mismo. No es ya que se omitan referencias a la iconografía clásica creada por Ditko, que hacía de su personal plasmación de energías místicas, dimensiones ocultas, monstruos y supervillanos la mayor aportación de la obra al mundo de la historieta y del arte en general, y que sería reproducida -con mayor o menor fortuna- por casi todos los continuadores de la serie (en la película, el único apunte con algún eco de esta herencia se ofrece en la plasmación de la dimensión oscura de Dormammu), sino que la alternativa presentada, es una aséptica representación de hechizos en forma de sigilos de luz chisporroteante y una funcional y hasta predecible borrachera digital de escenarios urbanos distorsionados y remezclados (hipertrofia de una idea ya vista en Origen, de Nolan, y reutilizada también en algún spot televisivo), sobre la que los personajes corren, brincan, se deslizan o vuelan, con un mínimo de interacción e integración, que evoca, a quien suscribe, las escenas con actores sobre fondos de animación tradicional de (la, por otro lado, encantadora) Mary Poppins. No es, ya digo, una mala película, pero sí es una que, una vez más, elude el riesgo, y con él, un mayor triunfo.