LA ASTRONAVE PIRATA (San Román, 1981 -ed. orig: Rizzoli, Italia; 1968-) es un tebeo con el que me he cruzado varias veces durante mi vida: ya estaba ahí en mis primeras visitas a Pictograma en la prehistoria, y lo he visto más de una vez en ferias del libro viejo o similares. Por entonces, lo confieso, tenía prejuicios acerca de su autor, Guido Crepax, a raiz de algnna de sus historietas más tardías y de erotómanía un tanto decadente, vista en algún Ramble o así. Con la publicación por Norma de una serie de tomos recopilatorios de su serie más vitoreada, Valentina, descubrí (aunque sólo me hice con el primero: no se puede llegar a todo) un historietista mucho más creativo, influyente e interesante de lo que me había imaginado, cosa que este álbum (cohetaneo al debut de Valentina) no hace sino confirmar. Se trata de una aventura espacial, absolutamente posmoderna, en la que la prospectiva futurista no es más que un juego, sobre todo estético, que exime al autor de rigor documental a la hora de recrear lo que no es sino una historia de piratas del siglo XVI con una imaginería de naves y trajes espaciales que no se diferencia mucho de la que el mismo Crepax recreara años después en su aportación a la colección La Découverte du monde en Bandes Dessinées, dedicada a Francis Drake. Una opera espacial conscientemente pop, divertida y poética, similar en tono a la Barbarella de Forest, con un Crepax espectacular en lo gráfico.




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