Artists and models / CÓMICOS EN PARÍS. Dirigida por Frank Tashlin. 1955.
Jerry Lewis es un voraz lector de comic-books, singularmente entusiasmado con el protagonizado por The Bat Lady (aquí, los mandamases de DC debieron ver más ganancia en la posibilidad de promoción gratuita que en la reclamación por violación de la marca registrada), que comparte apartamento y penurias económicas con el aspirante a pintor Dean Martin. Cuál será su sorpresa al descubrir que a su edificio acaban de mudarse Dorothy Malone y Shirley MacLaine, dibujante y modelo, respectivamente, de la mencionada superheroína quiróptera. La base de la trama la constituirá, como no, el doble flirteo que se origina: el del pícaro Martin con la formal Malone, y el de la soñadora MacLaine con el ingenuo Lewis; pero también se añadirá, en el tramo final, un disparatado elemento de espionaje militar, en torno a la coincidencia de una fórmula matemática enunciada por Lewis en sueños con la auténtica utilizada por el ejército para sus experimentos con cohetes, que propiciará la aparición en escena de la "Mata Hari" interpretada por Eva Gabor.
Y, sí, ésta sí es una gran película. Una joya del genial Frank Tashlin, un delirio de colorido pop y estética de Madison Avenue (en Vistavision y Technicolor), con canciones, glamour a raudales y erotismo "light"; una deliciosa fantasía hollywoodiense sobre el mundillo de la historieta, con la siempre estupenda MacLaine (en su segunda película tras "Pero... ¿quién mató a Harry?") como pareja "augusta" de Lewis y con Martin y Malone como sus respectivas "caras blancas". Lewis está pletórico y ofrece varias escenas cómicas desternillantes, como la de la cena compuesta por una triste y sola judía, la de la subida y bajada de escaleras para contestar el teléfono, o la del embarullado masaje quiropráctico. Y el guion, a pesar de decantarse claramente hacia la irrealidad, no deja de incluir ciertas alusiones a las circunstancias del momento en el mundo de los tebeos, como la competencia de la televisión o las polémicas acerca de los contenidos violentos y poco edificantes.
Hay que verla (para creerla).
Jerry Lewis es un voraz lector de comic-books, singularmente entusiasmado con el protagonizado por The Bat Lady (aquí, los mandamases de DC debieron ver más ganancia en la posibilidad de promoción gratuita que en la reclamación por violación de la marca registrada), que comparte apartamento y penurias económicas con el aspirante a pintor Dean Martin. Cuál será su sorpresa al descubrir que a su edificio acaban de mudarse Dorothy Malone y Shirley MacLaine, dibujante y modelo, respectivamente, de la mencionada superheroína quiróptera. La base de la trama la constituirá, como no, el doble flirteo que se origina: el del pícaro Martin con la formal Malone, y el de la soñadora MacLaine con el ingenuo Lewis; pero también se añadirá, en el tramo final, un disparatado elemento de espionaje militar, en torno a la coincidencia de una fórmula matemática enunciada por Lewis en sueños con la auténtica utilizada por el ejército para sus experimentos con cohetes, que propiciará la aparición en escena de la "Mata Hari" interpretada por Eva Gabor.
Y, sí, ésta sí es una gran película. Una joya del genial Frank Tashlin, un delirio de colorido pop y estética de Madison Avenue (en Vistavision y Technicolor), con canciones, glamour a raudales y erotismo "light"; una deliciosa fantasía hollywoodiense sobre el mundillo de la historieta, con la siempre estupenda MacLaine (en su segunda película tras "Pero... ¿quién mató a Harry?") como pareja "augusta" de Lewis y con Martin y Malone como sus respectivas "caras blancas". Lewis está pletórico y ofrece varias escenas cómicas desternillantes, como la de la cena compuesta por una triste y sola judía, la de la subida y bajada de escaleras para contestar el teléfono, o la del embarullado masaje quiropráctico. Y el guion, a pesar de decantarse claramente hacia la irrealidad, no deja de incluir ciertas alusiones a las circunstancias del momento en el mundo de los tebeos, como la competencia de la televisión o las polémicas acerca de los contenidos violentos y poco edificantes.
Hay que verla (para creerla).

