Por más que se empeñara (con notable éxito, como corrobora una vez más el enfoque de las elegías aparecidas a raiz de su deceso), la labor creativa de Stan Lee no puede desligarse de la de sus colaboradores. Aunque no hubieran utilizado el cacareado "método Marvel", intentar dirimir hasta donde llega el mérito de Lee y el de Kirby, Ditko, Romita, Buscema o cualquier otro es no sólo imposible, sino además inútil. Le gustara a Lee o no, Spiderman, Los 4 Fantásticos y el resto de creaciones en las que trabajó le pertenecen a sus compañeros tanto como a él. Y, aún más, le pertenecen también a los creadores que continuaron y continuan dando vida a esa mitología pop moderna, manteniéndola relevante durante los años. Lee se creyó los panegíricos de sus apólogistas y quiso ser Homero, pasando por alto, claro, que también Homero fue, tan sólo, el avatar de una creación colectiva.
