PAGANDO POR ELLO (Astiberri, 2011; publicación original: Paying for it, Drawn & Quarterly, Canadá, 2011) y MARÍA LLORÓ SOBRE LOS PIES DE JESÚS (La Cúpula, 2016; edición original: Mary wept over the feet of Jesus, Drawn & Quarterly, Canadá, 2016) forman un díptico temático y formal del autor Chester Brown. En lo temático, están conectados por tener a la prostitución como materia principal de interés. En Pagando, Brown expone como la relación con prostitutas ha llegado a adquirir una importancia capital en su vida, sustituyendo otros tipos de relaciones sexuales más convencionales y dándole pie a concebir una visión extensamente meditada acerca de cómo debiera ser vista y tratada por la sociedad y las autoridades la actividad de quien mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero. Para ello, hace uso de la historieta para narrar las razones que le condujeron a iniciar este tipo de contactos, sus experiencias con todas las mujeres con las que se ha relacionado de esta manera, así como reproducir conversaciones mantenidas sobre el asunto con amigos y familiares. Aunque se trate de una narración de hechos autobiográficos, Pagando, trasciende el carácter puramente confesional de trabajos anteriores que exploraban recuerdos juveniles (El Playboy, Nunca me has gustado). Aquí lo narrado parece tener una voluntad informativa, que pretende ofrecernos testimonios y reflexiones con las cuales ayudar a formarnos una opinión. Pero, ¿informativa o proselitista? La duda se acrecienta al enfrentarnos a la extensa parte de texto que ocupa el último tercio del libro, en la que Brown desarrolla de forma minuciosa (casi obsesiva) su postura en torno a la función positiva de la prostitución y su rechazo a la regulación de la misma, rebatiendo varios trabajos de otros autores sobre el tema. El resultado, es una obra de claro tono político.
La combinación de una parte de historieta y otra de texto, en forma de epílogos, apendices y notas, une formalmente a Pagando con María (también en su libro anterior, Louiis Riel, aparecian abundantes anotaciones, pero eran de carácter más anecdótico y prescindible).En María, resulta por igual fascinante e intrigante iniciar la lectura e ir descubriendo cada una de las historietas que contiene, que ofrecen adaptaciones de pasajes de La Biblia, ir detectando los temas que las conectan (que no son otros que los que ya revela el subtítulo en portada: prostitución y obediencia religiosa), e ir descubriendo, en algunos casos, ciertas variaciones respecto a las versiones conocidas (en mi caso, no todos los pasajes los conocía previamente; confieso que La Biblia es una de las lecturas imprescindibles que aún tengo a medias, junto a La Ilíada o el Quijote).
Concluido el último y quizás más enigmático de los relatos, el libro adopta la forma ensayística (aunque aún se añade otra historieta más adelante que, creo, hubiera sido más lógico no separar del resto) para afrontar la tarea de aclarar las dudas que se nos han ido acumulando por la lectura previa, explicando el significado de los pasajes representados y argumentando de forma de nuevo exahustiva, con abundantes referencias a trabajos de otros autores, las tesis que pretende exponer y que básicamente confluyen en dos proposiciones: por un lado, la de que la prostitución era una actividad tolerada entre la comunidad judia en tiempos del Antiguo Testamento y del critianismo primitivo, y que varias figuras femeninas bíblicas, entre ellas la propia María, madre de Jesús, la practicaban, cosa que posteriormente sería ocultada (aunque sugerida) en las versiones canónicas de los relatos bíblicos; y por otro, que Cristo hizo uso de ciertas parábolas para poner de manifiesto que Dios no espera de los hombres obediencia ciega y acrítica, sino que estima más la capacidad de discrepar de las normas (incluso las suyas) y ejercer el libre albedrío. Estas dos proposiciones pueden parecer irreverentes, pero la aproximación de Brown a ambas no lo es en absoluto. Brown se califica como cristiano e interesado en la espiritualidad y su argumentación, aunque polémica sin duda, así lo demuestra. Si Pagando es una obra política, María lo es religiosa.
Mientras que en Pagando los textos finales amplían las tesis ya expuestas en la historieta previa, aportando un tipo de información y reflexión que hubiera sido difícil representar con ese lenguaje, en María se produce entre las historietas y el texto un diálogo que dota al libro de su significado final, de forma similar a como en un buen chiste gráfico o en una buena historieta el texto y la imagen se apoyan mutuamente y se funden en un lenguaje nuevo. Por otro lado, aunque ambas obras están realizadas con el habitual estilo distanciado de Chester Brown ( con personajes de escasa expresividad, preponderancia de la representación de estos a cuerpo entero dentro de viñetas de perspectiva axonométrica y un riguroso montaje de página -de dos por cuatro viñetas, en Pagando; de dos por dos, en María-), María ofrece un mayor atractivo gráfico, no solo por el mayor tamaño de las viñetas, sino por el insospechado aliento épico de algunas imágenes.
Si bien se trata de dos buenos trabajos, mi interés se decanta por María, que me resulta más brillante, honesto y singular.

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