lunes, 20 de noviembre de 2017

O ALGO... / LA MEDIANOCHE DE LOS SUPERHÉROES




La aparición del primer número de DOOMSDAY CLOCK, tebeo que "oficializó" la integración del Watchmen de Moore y Gibbons en la continuidad narrativa compartida por las actuales series de DC Comics, me trajo recuerdos de mi primera lectura del primer número de la mítica-no-lo-siguiente serie. Recuerdos de la sorpresa de mi joven yo ante la brillantez de unos recursos formales y una profundidad temática insólitos. Del deslumbramiento ante una obra que parecía abrir una esplendorosa vía de futuro para el género de superhéroes (ese que todavía hoy no acierto a comprender por qué tanto me fascina) y de la ficción fantástica en general. Tras leer Watchmen, soñaba uno con los tebeos que habían de venir después.
En los años que han pasado, he llegado a comprender que la luz que emitía aquella obra no debía servir precisamente para iluminar un camino a seguir, sino más bien como aviso de la proximidad de una costa peligrosa a la que no convenía acercarse. En los años que han pasado, hemos visto a los superhéroes balancearse (mediante sus telarañas o sus batcuerdas), en lo político, de izquierda a derecha; en lo psicológico, de lo profundo a lo banal; en lo temático, de lo infantil a lo provocativo; en lo industrial, de lo semiartesanal a lo transmedia…
Hoy, cuando el audiovisual (cine, tv, videojuegos…) se ha apoderado del género (sumándole unas cuantas mutaciones más a las ya padecidas desde el Action Comics nº1), cuando las editoriales han quedado relegadas a un papel subalterno, cuando el compromiso de los creadores se ve limitado por las imposiciones ejecutivas y la atracción de los pastos ¿más verdes? de la propiedad intelectual, y cuando los lectores nos debatimos entre el deseo de novedad y el de que los personajes y sus historias sigan siendo "como tienen que ser", la aparición de este Doomsday Clock, en la estela de anteriores ejemplos de la explotación nostálgica, como la precuela apócrifa Before Watchmen, el retorno de Gaiman a Sandman, o el tercer y descafeinado Dark Knight de Miller, se aparece como un mensaje de claudicación creativa definitiva: un "no sabemos, o queremos, o podemos inventar nada nuevo".
¿Es esto lo que le queda por ofrecer al género? ¿imitadores de Alan Moore contando historias de La Visión o de Mister Miracle? ¿Un Rorschach negro?
El ominoso título de la obra de Johns y Frank, se antoja premonitorio. El reloj, inclemente, sigue marcando las horas, minutos y segundos. La medianoche de los superhéroes está cada vez más próxima. Y se hace muy difícil pensar que le pueda seguir un nuevo amanecer.