Viajando en dirección opuesta a la de sus exitosos primos de Netflix, LEGION (Noah Hawley; 2017-2019), la recreación televisiva del personaje homónimo -rescatado del extenso fondo de armario marveliano, y más concretamente de la extensa etapa de Chris Claremont como demiurgo de su rama mutante-, se aparta del realismo noir, urbano y milleriano (frank...milleriano) de aquellos y de su aproximación low-fi a los superpoderes, para abrazar sin complejos buena parte de lo fantástico, lo imposible y hasta lo ridículo del género, dando forma a un trepidante juego de matrioskas psíquicas, en el que la metáfora de la otredad mutante se relaciona con la de la enfermedad mental, tomando tanto del patriarca Claremont (y su obsesión con el alter-ego-oscuro -o reverso tenebroso...-), como de alguno de sus herederos (la banda de mutantes con estética seventies es muy The Invisibles, de Morrison), y que en lo formal es de una brillantez que, sí, roza lo exhibicionista, pero se le disculpa, por lo divertido del resultado. Mi cosa audiovisual sobre gente con superpoderes favorita desde Misfits.
